miércoles, 26 de noviembre de 2014

Adiós al lenguaje. Suelten a los perros.

Título original:
Adieu au langage
Año:
2014
Fecha de estreno:
28 de Noviembre de 2014
Duración:
70 min
País:
Francia
Director:
Jean-Luc Godard
Reparto:
Héloise Godet, Zoé Bruneau, Richard Chevallier, Kamel Abdeli, Christian Gregori, Jessica Erickson, Jeremy Zampatti, Alexandre Païta
Distribuidora:
Vértigo Films


Para ponernos en situación, cuando vas a ver una película de Jean-Luc Godard no vas a ver algo normal, eso tienes que aceptarlo antes de entrar al cine. Una vez que empiece la película o te dejas llevar o dile adiós a una o dos valiosas horas de tu vida. Así que Godard es uno de esos directores que pueden crear enfrentamientos entre ronquidos y fascinación en una sala de cine, o dejarte frío, como me ocurrió a mí con Adiós al lenguaje. Godard a sus casi 84 años sigue sin parar un momento, está claro que es un cineasta inquieto y que quiere seguir mostrando cosas, pero si ya me resultaba complicado abordar su etapa de los años sesenta de la Nouvelle Vague, en este ejercicio totalmente experimental he sido incapaz de seguirle el juego. Al no ser una película convencional no puede ser leída como cualquier otro film, por lo que en este tipo de cine -como ocurriera con El árbol de la vida o La gran belleza, salvando las kilométricas distancias- es donde surgen las opiniones más enfrentadas, porque el cine compuesto a base de metáforas corre el riesgo de no ser comprendido más allá de la mente de su realizador y de algún genio iluminado que interpreta cada plano como si le fuera la vida en ello.


Dejando a un lado la confusión narrativa, que hace que estés más perdido en la historia que el perro que aparece en ella, tiene que quedar constancia de que Godard tampoco parece tener una intención narrativa expresa, por lo que no hay que buscarle demasiado sentido a la película en esos términos. Aparte de las abundantes referencias literarias y las citas de personajes célebres, poco más hay que comprender en el texto. Y cuando una película te despoja de una línea narrativa comprensible que seguir, ¿a qué te agarras? Lo normal es buscar el sentido en las imágenes, que son las que contendrán la mirada del director, y por lo tanto su mensaje, si es que lo hubiera, que siempre queda esa duda cuando ves este tipo de cine. Entonces te quedan las imágenes para poder disfrutar algo de la película, pero aquí Godard tampoco complace al espectador, ya que las imágenes no son lo suficientemente atractivas como para compensar la orfandad de una narrativa accesible.

Esa falta de atracción visual me la transmitió sobre todo la posición de la cámara. Parecía que había sido abandonada a su suerte, casi siempre en una posición rotada respecto al eje de acción y con escasez de movimientos. Como si la cámara fuera un testigo presencial de la acción que no tiene el interés suficiente en los eventos que ocurren ante ella como para erguirse y observarla adecuadamente, lo que irremediablemente se acaba transmitiendo al espectador. Lógicamente no toda la película es así, Godard ya ha hecho suficiente cine como para saber mostrar detalles interesantes, como los planos que divergen, superponiéndose simultáneamente en la pantalla y muestran acciones paralelas que acaban convergiendo de nuevo en la posición inicial. Además de planos compuestos de forma realmente interesante, pero poco más positivo puedo sacar de Adiós al lenguaje, aparte de que sólo dura setenta minutos que con el estrambótico montaje se dilatan y contraen continuamente.


Respeto el cine como expresión artística, pero no toda expresión artística aporta la misma satisfacción al espectador que al autor. En mi opinión, el cine experimental debería suponer una experiencia para quien lo ve, eso no depende sólo del director, sino también de la predisposición del espectador a prescindir de los prejuicios durante un rato y tratar de descubrir algo nuevo. Pero si el director, ya sea Jean-Luc Godard o un chaval de veinte años que quiere hacer algo diferente, no consigue aportarte lo suficiente como para mostrarte ese nuevo horizonte, poco más podrá poner de su parte el espectador, que siempre parte en desventaja con respecto al autor experimental, que tratará de jugar con el pensamiento del público como si fuera un perro al que lanzarle la pelota.

3/10 

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